Las Cadenas del Sueño | Relato corto
Las Cadenas del Sueño
Kendall Van Javrem
El ritual había funcionado. Mis manos estaban pegajosas, y mi boca tenía un extraño sabor a hierro, pero daba igual. Tiré a un lado la daga, y avancé en el encharcado suelo hacia el ídolo. Este refulgió con una luz carmesí, una luz que me producía calidez. Entonces me di cuenta que mi señor estaba frente a mí, y me postré en señal de respeto. Su voz, cuyo sonido está entre el crepitar del fuego y el eco de una gruta, me habló en el idioma sin lengua:
—¿Entonces se realizará? —Pregunta él, viéndome sin ojos.
—Se realizará, señor mío —Mi voz tiembla al dirigirme ante su magnificencia.
—Bien. Muy bien. Se te otorgará lo que pides, más debes pagarme la deuda..
—¿Y cómo he de pagarla, señor mío?
—Sabes bien cómo, Vazanir. Sabes bien cómo.
Esta vida es todo lo que podría haber soñado. Ya no soy buscado por los guardias del rey, ni hay carteles con mi nombre y cara pegados en los muros de la ciudad. Ya no debo matar para vivir, ni debo esconderme. Y lo mejor, ellos están bien. Y no me evitan.
Nunca creí que él me permitiría demostrarle mi amor como lo hago ahora. Acariciar su suave cabello, darle un beso en la mejilla y dormir abrazándolo, sintiendo su calor.
Nunca pensé que ella me perdonaría todo el mal que he causado, pero lo hizo, y hemos vuelto a ser tan buenos amigos como antes. Ahora entiende mi razón por asesinar a quien asesiné. Y ya no le presta importancia.
Pero al día siguiente no amanezco abrazado a Jonar, ni me encuentro a Myrvved en la calle del templo. Despierto en un extraño lugar, con un sabor férreo en la boca, junto a una pequeña figura de madera que me genera una enorme atracción. Aunque apenas y distingo su forma, es hermosa a su modo… Más hermosa que Jonar. La tomo en mi puño y la acerco a mi pecho, pero ya no sé si realmente está ahí. ¿Dónde? Si la tenía hace un momento…
Pasado un rato dejo de buscar la pequeña figura y me encamino hacia un ruido que escucho más allá de la colina donde me he despertado. Me doy cuenta de que es un camino gris y fangoso por el que pululan los carruajes, dirigiéndose hacia una enorme ciudad amurallada. Detrás de mí escucho las voces de los guardias y los soldados, quienes por fin me han encontrado y quieren tomarme preso. Echo a correr, dirigiéndome hacia el camino. Más en ese entonces, en medio de la suciedad gris por la que los carruajes transitan, veo la pequeña figura de madera. Sin pensarlo, mis piernas saltan desde lo alto de la colina, y aterrizo rodando por la ladera. Caigo en medio del camino, cubierto de lodo, con la cabeza palpitando y dando vueltas, pero la figura está ahí. Me arrastro hacia ella mientras escucho el relinchar de los caballos y los gritos de los cocheros que me dicen que me aparte. Uno de ellos no consigue detener al caballo a tiempo, y pasa sobre mí. Las pezuñas caen y desgarran mi piel, trituran mis huesos y aplastan mis órganos, convirtiendo mi cuerpo en una masa informe y sanguinolenta. Mas no me importa. Me aferro a la figura, que emite una luz carmesí. Casi cálida.
Siento la tersa piel de Jonar bajo las sábanas, su respiración lenta y tranquila. Le doy un beso, salgo al balcón, y me encuentro a Myrvved paseando por la calle del templo, tan sonriente como era en los buenos días. Sin duda, esta vida es todo lo que podría haber soñado.
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